martes, 4 de abril de 2017

Es una costumbre,
es algo aprendido,
alzar la vista al tiempo.

Mañana, y mañana, y mañana...

Se ve cielo azul en su reflejo.
Nada me pesa; hoy vuelo.
Me asomo a la ventana, 
veo el buen azul,
las nubes pluriformes...
El día me sonríe
y yo me dejo hundir en su boca.

Mañana, y mañana, y mañana...

Parece que va a llover.
Promete la tierra convertirse en barro,
temen mis pies caminar por él.
Me asomo a la ventana,
veo un buen azul,
las nubles pluriformes...
Me quedo mirando al día,
pienso:
<Con esto me basta> 

Mañana, mañana...

Parece que va a llover.
Quiere el río beber de ese agua,
teme mi calor que anegue mi piel.
Me asomo a la ventana,
casi con los mismos ojos
con los que lo hice ayer,
y veo un buen azul,
las nubes con sus múltiples formas...
Me quedo mirando al día,
pero pienso:
<hoy no es suficiente>

Será, que yace mi cuerpo helado bajo el río.
Será que es esto barro lo que pisan mis pies.

lunes, 12 de diciembre de 2016

No. No quiero necesitarte.
No te necesito. No...
Si te vas
desaprendería otra vez a respirar
hasta llenarme los pulmones;
a mirar
con los ojos de la tierra el paso del tiempo.
Olvidaría el olor de todas las flores
y la vida seguiría. Es cierto.
Pero tal vez, tal vez...
Quiera saber a qué huelen todas las flores.
Tal vez quiera ver nacer árboles
o cómo esculpe a las rocas el viento.

Si te vas...
Vete.
No. No te necesito.
No quiero necesitarte.
Pero es tanto lo que me has enseñado.
Cómo cerrar los ojos ahora que están abiertos.
Cómo devolver los sueños en los que te estoy besando.
Es cierto. No. No quiero necesitarte.
Pero tal vez lo hago.

Hace horas que el sol se ha puesto.
Es tarde ya para el olvido.
Y en mi silencio, en mi silencio
tiemblan los latidos de los ruiseñores.
Porque no. No te necesito.
No quiero necesitarte.
Y he dicho algo que no debo.


lunes, 17 de octubre de 2016

Lira

No me des tus ojos,
no me des tus ojos,
su color turquesa, su color negro,
su iris
lleno de sueños:
pozo en el que se baña mi alma.
No es real lo que enseñan.
Mundo
que sólo ven ellos:
pozo que llenan con su alma,
baño en que se ahogan sus sueños.

No me des tus ojos,
que ven dolor en la alegría
y alegría en el dolor;
horror en la belleza
y belleza en el horror.
Repito
no me des tus ojos,
porque todo lo que enseñan,
todo eso
sólo lo veo yo.

lunes, 22 de agosto de 2016

No me grites que no te veo

La nueva forma de agradecimiento es,
a secas,
ingratitud.
Impregnada en odio, violencia,
la misma que separa, por expresa dolencia,
las palabras de nuestra boca y su virtud.
Éstas,
Pasean por las calles desnudas.
Es sencillo ir con ellas de la mano.
Te seducen con su cuerpo fino,
delgado, que apenas pesa,
se acercan hasta tu oído, lo besan,
y tú ves que es fácil cogerlas de la mano.
Así lo hacen algunos, febriles de cólera.

Con ese pacto tácito:
no me grites que no te veo,
se camina, se habla,
se trata y se mira,
violentamente.
La cabeza mirando hacia otro lado,
volando con los pájaros la frente.

lunes, 25 de julio de 2016

Por tres noches contigo

Duele el lecho de amor.
Duele la fragua de las promesas.
Cada uno de los hijos de Cupido
detiene el pulso, tal como si fuera
una operación a corazón abierto;
abandonándome al pavor,
a tus labios de la espera,
como bálsamo prohibido,
¿que no es cierto,
amor,
que en el fondo envenena?

Si bien duele saberlo,
huyo de los ángeles y sus mentiras.
Pues el que no muere de amor sin ser amado,
es que nadie le ha mirado
como tú me miras.

miércoles, 20 de julio de 2016

Nada

Navego entre la bruma.
Navego, por decir algo;
ni veo mi cordura
ni me parece que la esté buscando.
Todo lo que veo es nada.
En nada me hundo y en nada nado,
y aun cuando me hundo nada veo.

Es desesperante.

jueves, 12 de mayo de 2016

Ecos

Desde el silencio me llamas,
incorpórea, fuerte y frágil,
para volver a la ceniza y al silencio.

Desde la sombra enciendes una vela;
con cada gota que cae rendida al fuego
sacas los dientes,
me muerdes y me llamas,
para volver a la ceniza y el silencio.

Puedo ver tus ojos negros
allí en la tiniebla en la que habitas,
extenuados por la risa.

Puedo ver cómo me llaman,
¡como un faro en la noche aciaga!
para volver al silencio y la ceniza.